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Nucleo Rural
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Esta tecnología argentina busca cambiar la agricultura con cultivos que rebrotan

Una tecnología desarrollada en Santa Fe busca convertir cultivos anuales en plantas capaces de rebrotar y producir durante varios ciclos.

Esta tecnología argentina busca cambiar la agricultura con cultivos que rebrotan
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Una tecnología desarrollada en Santa Fe busca transformar la agricultura extensiva al convertir cultivos anuales en plantas capaces de rebrotar después de la cosecha. El proyecto, impulsado por la empresa INFIRA, recibió en agosto de 2026 un reconocimiento de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI).

La científica argentina Renata Reinheimer, investigadora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL-CONICET-UNL), fue distinguida como Mejor Emprendedora 2026, mientras que INFIRA obtuvo el reconocimiento en la categoría Agricultura y Alimentación. La iniciativa fue seleccionada entre unas 1.300 candidaturas de 126 países.

El objetivo va más allá de prolongar la vida de una planta. Si estos cultivos consiguen mantener una producción estable después de la primera cosecha, podrían reducir la frecuencia de siembra y disminuir el uso de semillas, combustible, maquinaria e insumos.

Del laboratorio al cultivo de arroz

La investigación comenzó con el estudio de mecanismos moleculares relacionados con la longevidad de las plantas. Después de trabajar con una especie utilizada como modelo científico, el equipo trasladó los conocimientos obtenidos hacia un cultivo con interés agrícola.

Los primeros ensayos en invernadero se realizaron con arroz y permitieron obtener plantas con capacidad para sobrevivir durante al menos dos ciclos. Actualmente, INFIRA lleva adelante su segunda campaña de evaluación a campo con el primer arroz perenne de la región. Esta etapa es determinante porque permite comprobar cómo responde la tecnología ante condiciones que no pueden reproducirse completamente en un ambiente controlado. Clima, suelo, enfermedades, malezas y prácticas de manejo serán factores decisivos para determinar si el desarrollo puede avanzar hacia una aplicación comercial.

La principal diferencia frente a un cultivo convencional está en la capacidad de la planta para volver a producir sin requerir una nueva implantación después de cada cosecha. Esto podría reducir varias de las labores que normalmente deben repetirse en cada ciclo agrícola.

Para los productores, una menor frecuencia de implantación podría traducirse en reducciones en semillas, combustible, maquinaria, labores e insumos. También disminuiría la cantidad de intervenciones físicas sobre el suelo. La permanencia de las raíces durante más tiempo abre además una posibilidad ambiental. Los sistemas radiculares de los cultivos perennes pueden alcanzar mayores profundidades, favorecer la captura de agua y nutrientes, disminuir la erosión y contribuir al almacenamiento de carbono.

Sin embargo, el potencial productivo todavía debe demostrarse. No basta con que una planta sobreviva después de ser cosechada: debe mantener rendimientos competitivos, responder adecuadamente al manejo agrícola y resultar económicamente viable para el productor.

Una plataforma que podría llegar a soja y maíz

Aunque el arroz es actualmente el principal cultivo utilizado para validar la tecnología, INFIRA pretende trasladar su plataforma a otras especies. Entre las alternativas aparecen soja y maíz, dos cultivos centrales para la agricultura argentina.

El desafío consiste en adaptar los mecanismos que prolongan la vida productiva de una planta a especies diferentes sin perder características agronómicas, rendimiento ni valor comercial. Para conseguirlo serán necesarias nuevas investigaciones y campañas de evaluación.

La empresa también busca establecer vínculos con semilleras, instituciones científicas y actores de la cadena agroindustrial. Estas alianzas pueden resultar importantes para acelerar el desarrollo de variedades, ampliar los ensayos y acercar la tecnología a las condiciones productivas de distintas regiones.

El reto de llevar ciencia al negocio

La trayectoria de INFIRA también muestra cómo una investigación científica puede convertirse en un emprendimiento de base tecnológica. Reinheimer fundó la compañía en 2020 junto con la ingeniera química Cecilia Arolfo y la especialista en transferencia tecnológica Victoria Nagel.

El proceso implica trabajar en áreas que van desde la propiedad intelectual y el financiamiento hasta la transferencia tecnológica y la creación de productos comercializables. Precisamente esa combinación fue reconocida por la OMPI al distinguir a la científica y a su empresa.

La segunda campaña a campo del arroz será, por ello, una prueba clave para INFIRA. Si los resultados confirman el potencial observado en etapas experimentales, el desarrollo santafesino podría avanzar hacia una nueva generación de cultivos perennes y convertirse en una alternativa tecnológica para hacer más eficiente y sostenible parte de la agricultura extensiva.