
Científicos logran mejorar la tolerancia al frío del Maíz
Nueva edición genética mejora la tolerancia al frío y la absorción de fósforo en maíz.
La genética vuelve a marcar el rumbo de la agroindustria. Investigadores de la Universidad Agrícola de China lograron modificar una proteína clave en maíz y desarrollaron un germoplasma capaz de tolerar bajas temperaturas sin sacrificar la absorción de fósforo. El hallazgo, publicado en Nature, abre una nueva etapa en la búsqueda de maíz tolerante al frío con mayor eficiencia nutricional.
El problema que enfrenta el cultivo no es menor. De origen tropical, el maíz reduce su crecimiento cuando desciende la temperatura y, en paralelo, pierde capacidad para captar fosfato del suelo. Esta combinación de frío y deficiencia nutricional impacta de forma directa en el potencial de rendimiento, especialmente en regiones donde la siembra temprana o los ambientes marginales exponen al cultivo a estrés térmico. El equipo científico identificó que la proteína NLA —una ligasa de ubiquitina E3— actúa como un regulador central. En condiciones naturales, mejora la resistencia al frío, pero al mismo tiempo limita la absorción de fósforo por parte de las raíces. Es decir, protege frente al estrés térmico a costa de eficiencia nutricional.
Mediante herramientas de diseño asistido por inteligencia artificial y edición genética, los investigadores lograron reconfigurar esta proteína. La nueva variante mantiene la tolerancia al frío sin afectar la capacidad de captar fosfato, rompiendo así el histórico “doble castigo” que condiciona rindes en ambientes de bajas temperaturas.
Más eficiencia en nutrientes, el próximo salto productivo
En términos productivos, el desarrollo implica un germoplasma con mayor resiliencia ambiental y mejor eficiencia en el uso del fósforo, dos variables determinantes para sostener la estabilidad del negocio agrícola. Para regiones con inviernos marcados o primaveras frías, esta innovación podría traducirse en implantaciones más seguras y menor dependencia de ajustes nutricionales correctivos.
El enfoque también podría extenderse a otros nutrientes estratégicos como el nitrógeno, clave en los costos de producción y en la huella ambiental del cultivo. Si los resultados se replican en ese frente, la genética permitiría combinar adaptación climática y eficiencia en el uso de recursos del suelo, un eje central frente al cambio climático y la presión sobre los márgenes.
Para la agroindustria latinoamericana, el mensaje es claro: la innovación genética ya no solo apunta a maximizar rendimiento, sino a equilibrar clima y nutrición en un mismo paquete tecnológico. En un contexto de volatilidad climática y mayores exigencias de sostenibilidad, la ciencia empieza a ofrecer soluciones integrales que pueden redefinir la competitividad del maíz a escala global.










