
Crisis en el estrecho de Ormuz presiona a la agricultura mundial
El bloqueo del estrecho de Ormuz amenaza el suministro de fertilizantes y podría disparar costos agrícolas y precios de alimentos.
El bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Irán comienza a generar efectos en la cadena global de suministro de fertilizantes, lo que encendió alertas entre analistas del sector y productores agrícolas. La interrupción del tránsito marítimo en esta ruta crítica podría encarecer los insumos agrícolas y trasladar esa presión a los precios de los alimentos a nivel mundial.
El flujo de embarcaciones por este corredor marítimo situado frente a la costa sur de Irán quedó prácticamente paralizado tras los ataques ejecutados durante el fin de semana por Estados Unidos e Israel. Este paso es uno de los más relevantes del planeta para el comercio energético y de materias primas estratégicas.
Se estima que entre una cuarta parte y un tercio del comercio internacional de insumos destinados a la fabricación de fertilizantes circula por esta vía, además de cerca del 20% del petróleo y del gas natural transportados por mar. La interrupción impacta especialmente en el traslado de amoníaco y nitrógeno, dos materias esenciales para la elaboración de fertilizantes sintéticos utilizados en la agricultura global.
Riesgo directo para la producción de alimentos
El alcance potencial del conflicto preocupa al sector agrícola porque aproximadamente la mitad de la producción mundial de alimentos depende del uso de nitrógeno sintético en los cultivos. Si el suministro de fertilizantes se reduce, muchos productores se verían obligados a disminuir la aplicación de estos insumos en sus campos, lo que normalmente deriva en menores rendimientos por hectárea.
Una caída en la productividad agrícola podría traducirse en un incremento de precios en productos básicos como pan, pasta o papas, además de elevar el costo de los alimentos destinados a la alimentación del ganado. La región del Golfo concentra algunas de las plantas de fertilizantes más grandes del mundo, por lo que una interrupción prolongada del transporte marítimo podría alterar la producción global y elevar costos en toda la cadena agroalimentaria.
Energía cara y plantas cerradas agravan el escenario
A la tensión logística se suma el impacto del precio de la energía, un factor clave en la fabricación de fertilizantes nitrogenados. El gas fósil representa entre el 60% y el 80% del costo de producción de estos insumos, por lo que cualquier alteración en su disponibilidad repercute de manera directa en el valor final que pagan los agricultores.
La situación podría agravarse aún más luego de que Qatar cerrara su principal instalación de gas tras un ataque con drones, lo que limita la disponibilidad global de nitrógeno. Los mercados ya reflejan el nerviosismo. El precio de la urea, referencia internacional para fertilizantes, superó los u$s625 por tonelada métrica tras subir más de un 25%, frente al rango de u$s484-490 registrado la semana anterior, según datos de la consultora CRU Group.
Especialistas del sector advierten que la escalada del conflicto en Medio Oriente podría provocar un impacto incluso mayor que el observado en 2022 tras la invasión rusa a Ucrania, especialmente si el bloqueo del estrecho de Ormuz se extiende más allá de dos semanas.
La crisis también comenzó a afectar la seguridad del transporte marítimo internacional. Un buque portacontenedores fue alcanzado por un proyectil mientras navegaba por el estrecho el miércoles, lo que provocó un incendio en la sala de máquinas, de acuerdo con reportes de las operaciones de comercio marítimo del Reino Unido.
El episodio se suma a otros ataques recientes contra embarcaciones en la región que dejaron al menos dos tripulantes muertos, elevando la preocupación por la continuidad del tránsito en una de las rutas comerciales más importantes del mundo.
Agricultores enfrentan mayores costos
El impacto llega en un momento sensible para productores de Reino Unido, Europa y Norteamérica, donde comenzó la siembra de cultivos de primavera. Si bien muchos agricultores cuentan con fertilizantes para la temporada actual, en circunstancias normales ya estarían evaluando compras para el próximo ciclo agrícola. En el caso del Reino Unido, cerca del 40% de la demanda de fertilizantes nitrogenados se cubre con producción local, mientras que el resto depende de importaciones.
Analistas del sector advierten que una reducción en la oferta mundial podría obligar a los productores a utilizar menos fertilizantes, lo que históricamente se traduce en menores rendimientos y mayores precios de los alimentos. Un antecedente cercano fue la invasión rusa de Ucrania, tras la cual los precios de alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron 16,5% en un año hasta noviembre de 2022.
Indicadores recientes muestran que la inflación alimentaria volvió a acelerarse, con un incremento del 4,3% en las cuatro semanas previas al 22 de febrero. Desde el sector agrícola señalan que muchas explotaciones ya operaban con márgenes ajustados antes del conflicto y advierten que el encarecimiento de insumos como fertilizantes, energía y combustible podría profundizar la presión económica sobre los productores.










