
Brasil evalúa ampliar el riego agrícola hasta 53,4 millones de hectáreas
Brasil tiene potencial para multiplicar su agricultura irrigada y sumar hasta 6,4 millones de hectáreas en el corto plazo.
Brasil tiene capacidad para ampliar de forma significativa su agricultura irrigada, con un potencial estimado de hasta 53,4 millones de hectáreas, frente a las cerca de 10 millones que actualmente cuentan con sistemas de riego. La expansión permitiría elevar la productividad y reducir la exposición del sector agropecuario a períodos de sequía y variaciones en las precipitaciones.
De acuerdo con investigadores de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq), alrededor de 6,4 millones de hectáreas adicionales podrían incorporarse al riego en el corto plazo utilizando tierras que ya están destinadas a actividades agrícolas. Esto permitiría incrementar la producción sin que el crecimiento dependa necesariamente de abrir nuevas áreas de cultivo.
Infraestructura, agua y energía son los principales retos
Convertir ese potencial en proyectos concretos requiere resolver obstáculos relacionados con la disponibilidad y almacenamiento de agua, los derechos de uso del recurso, los permisos ambientales y el acceso a electricidad. La infraestructura necesaria para captar, almacenar y distribuir agua será determinante para que las nuevas superficies irrigadas sean viables.
El impacto económico también aparece entre los principales argumentos para ampliar el riego. Estudios sobre regiones agrícolas brasileñas muestran que los municipios con mayor presencia de agricultura irrigada presentan mejores indicadores de PIB per cápita, valor agregado agropecuario, remuneraciones y acceso al crédito rural.
Las simulaciones disponibles muestran además el potencial de nuevas inversiones. La incorporación de 1.500 hectáreas irrigadas podría generar inicialmente unos R$ 8,27 millones adicionales de valor agregado agrícola, con la posibilidad de superar los R$ 13 millones posteriormente. El efecto también puede extenderse al empleo y a otras actividades vinculadas con las cadenas agroindustriales.
El riego busca reducir la exposición al clima
La disponibilidad de agua durante las etapas críticas de los cultivos puede reducir las pérdidas ocasionadas por lluvias insuficientes o fuera de temporada. En productos como el maíz, una mayor previsibilidad hídrica también puede contribuir a estabilizar el suministro de materias primas para las industrias que dependen de los granos.
El contexto climático aumenta la importancia de esta estrategia. El estrés hídrico representa un riesgo creciente para la producción agrícola, mientras los eventos meteorológicos extremos pueden afectar los cultivos en momentos determinantes de su desarrollo.
Las estimaciones indican que ampliar en aproximadamente 6 millones de hectáreas la superficie irrigada requeriría inversiones de entre R$ 100.000 millones y R$ 150.000 millones. Además de los sistemas de riego, sería necesario desarrollar reservorios, redes eléctricas, infraestructura hídrica y mecanismos eficientes para administrar el recurso.
El desafío será transformar el potencial técnico de Brasil en una expansión sostenible. Para ello, los especialistas plantean fortalecer la información hidrológica, el monitoreo, la investigación y la planificación de largo plazo, de manera que el crecimiento del riego permita aumentar la producción y las exportaciones sin comprometer ríos, acuíferos ni ecosistemas. La evolución de la agricultura irrigada en Brasil podría convertirse así en uno de los factores relevantes para la competitividad y estabilidad futura del agro del país.










